La frase se originó desde un acto de escritura automática que aplicamos como forma de mediar el trabajo que hemos hecho en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM plantel Xochimilco, desde el año 2015 como grupo y muchos años antes como profesores que resistían la hegemonía académica desde otros discursos, otras trincheras y otros espacios; podría decirse (imaginariamente) que siempre habíamos trabajado desde las pedagogías amorosas, pero necesitábamos estar juntxs para poder enunciarlo comunitariamente, para que así fuera una enunciación desde el nosotrxs, y no desde ese Yo tan occidental.