Gillian Flynn habla sobre su best-seller Gone Girl (Perdida) y las acusaciones de misoginia

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Fuente: theguardian.com

Gone Girl ha tomado al mundo editorial como una tormenta con su retrato perturbador de una relación que no funciona. La autora Gillian Flynn habla de cómo retrata a las mujeres, su amor por el horror durante la infancia, – y cómo su matrimonio inspiró el libro.

La fuerza que impulsa al lector a través de Gone Girl, el thriller psicológico  desagradablemente fascinante de Gillian Flynn sobre un matrimonio que se ranció, es temible. Ella es una virtuosa del detalle hay-algo-no-totalmente-claro, la sensación que pone la piel chinita de que algo está muy mal, que está bajo tu nariz, pero no puedes entender lo que es. En una novela anterior, la forma en que un personaje come una sardina es suficiente para establecerlo como horriblemente espeluznante. (“[Él] la chupó en su boca entera. Pude imaginar los diminutos huesos rompiendose mientras masticaba.”) En Gone Girl, la reacción de un marido ante la desaparición de su esposa no es la de un asesino, pero tampoco exactamente lo que se espera de un pareja afligida. La imagen está de alguna manera torcida. El libro de Flynn ha vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo, pero la anécdota que ella cuenta con más orgullo es la que se refiere a su prima: poco después de leerlo, su marido, normalmente frugal, sugirió irse a unas vacaciones de lujo; su primer pensamiento fugaz fue que podría estar planeando matarla.

“Esa es exactamente mi meta: hacer que los cónyuges se miren de reojo el uno al otro”, Flynn dice con humor socarrón, mientras desayunamos en un restaurante del barrio ucraniano, el barrio de Chicago donde vive. Tiene 42 años, esbelta y de pelo cobrizo y está acostumbrada a que la gente asuma que debe tener una experiencia personal de cosas seriamente malas: que el matrimonio de Gone Girl de un sociópata con una archi-manipuladora debe ser su matrimonio o que la siniestra y exageradamente afectuosa madre en su primer libro, Sharp Objects, debe parecerse a la suya.

Las cosas no son así, por supuesto. Mientras el éxito de la novela la ha llevado a festivales literarios de todo el mundo, Flynn dice que “el número de escritores de misterio y horror que he conocido que son las personas más sanas y agradables … es una locura. ¿Podrá ser que escribir hace que lo sauqes todo de tu sistema? Parece que cuanto más oscuros son los libros, más agradable es la persona.” Entrecierra los ojos. “La gente dice que es de los escritores de romance de los que tienes que cuidarte.” Su madre es en realidad “una linda rubia de 1.60, que es profesora y la persona más dulce del mundo”. A ella le gusta situarse detrás de su hija cuando tiene presentaciones y hacer gestos de amenaza simulada a los miembros de la audiencia que sugieren que Gillian (la “g” es fuerte, lo que parece apropiado) debe haber soportado una horrible infancia.

Durante los últimos cuatro años, Flynn ha estado en una frenética trayectoria ascendente. Comenzó con un revés: en 2009, meses antes del lanzamiento de su segundo libro, Dark Places, fue despedida de su trabajo como escritora sobre cultura pop en la revista Entertainment Weekly en Manhattan, debido a recortes presupuestarios. Sin embargo, a finales de 2012, había publicado Gone Girl, dio a luz a su primer hijo y escribió el guión de la versión cinematográfica de la novela, que está siendo producida por Reese Witherspoon, y dirigida –al menos según algunos rumores– por David Fincher. (Una película de Dark Places, protagonizada por Charlize Theron, también está a punto de finalizarse). Gone Girl, escribió la crítica de New York Times Janet Maslin, alcanzó el “nivel de malicia discreta de Patricia Highsmith“. El libro llegó al No.1 en las listas de bestseller de ese periódico en julio pasado.

Un destino inicial similar –ser despedido de una revista de cultura pop de Nueva York– es lo que lleva a Nick Dunne, el esposo en Gone Girl, de vuelta a una McMansión alquilada en su estado natal de Missouri, acompañado de mala gana por Amy, su bella, perfeccionista y mantenida-por-su-fondo-fiduciario esposa. Es en la ciudad natal de Nick, sobre el río Mississippi, que regresa una tarde a casa y encuentra la puerta principal abierta, señales de lucha en la sala y ningún rastro de Amy. (Por otro lado, la cocina está limpia, y el gato ha sido alimentado). La historia se desarrolla en perspectivas alternas: entradas del diario de Amy, desde el día en que conoció a Nick hasta el día en que desapareció, y el relato de Nick sobre las semanas siguientes a su desaparición. Ninguno de los narradores parece ser totalmente fiable, y algo está fuera de lugar desde el primer párrafo. “Cuando pienso en mi esposa, siempre pienso en su cabeza … puedes recordar su cráneo con bastante facilidad”, reflexiona Nick, mientras baja las escaleras para encontrar a su esposa tarareando el tema de MASH –El suicidio es indoloro– en la cocina.

Se puede contar un poco más de la historia sin arruinar los vertiginosos (y para mí, totalmente inesperados) giros de la trama de Flynn. Pero se puede hacer notar con seguridad, que su tema es la profunda imposibilidad de llegar a conocer en algún momento la mente de otra persona, incluso en el contexto supuestamente íntimo de un matrimonio. Apenas se había casado –con un abogado, Brett Nolan– cuando escribió la novela. ¿Su experiencia como recién casada era tan oscura? “Estábamos recién casados en ese momento”, dice ella, como si estuviera un poco sorprendida de pensar en eso. “Lo que pasa es que soy una persona que siempre se plantea el peor escenario, así que estaba pensando un montón en:” ¿Qué es el matrimonio? ¿Qué debe ser? ¿Qué no debería ser? Lo curioso, supongo, es que mi esposo terminó siendo la musa de un libro sobre el peor matrimonio del mundo, porque si no hubiera dicho consistentemente: “No te censures, no te preocupes por mí” Si hubiera estado ansioso y preocupado por ello, entonces nunca se habría escrito.

Este es un tema recurrente en la vida de Flynn: el bungee-jump psicológico que permite a un autor sumergirse en la barbarie, precisamente porque está bien asentado en su opuesto. Flynn nació en 1971 en Kansas City, Missouri –no debe confundirse con Kansas City en Kansas, justo al otro lado de la frontera estatal– hija de dos profesores universitarios. Su padre enseñaba cine y tenía una pasión por el horror, así que su exposición infantil al terror era al mismo tiempo intensa y bastante fácil de escapar de ella, apagando la videocasetera o dejando el cine. Vio a Psicosis, Alien y Bonnie y Clyde a una edad en la que probablemente no debería. “Vi Psicosis un millón de veces”, dijo una vez a un entrevistador. “En el espejo, practiqué obsesivamente la toma final de Anthony Perkins: la sonrisa de Norman Bates frente a la cámara, todavía puedo hacerla muy bien“. Referencias cinematográficas y literarias impregnan sus libros: Sharp Objects toma prestados los elementos más inquietantes de El bebé de Rosemary y Twin Peaks; Dark Places, que se centra en la matanza de una familia en una casa de campo remota de Kansas, es en parte un homenaje a A sangre fría –aunque también se basa en la propia familiaridad de Flynn con las extrañamente espeluznantes extensiones de tierra del medio oeste de Estados Unidos.

La crítica más persistente a los libros de Flynn se refiere a su política sexual. (Se advierte que algunos lectores pueden interpretar lo siguiente como información aguafiestas). La trama de Gone Girl se volvió, en parte, sobre un personaje femenino que inventa una acusación de violación –“un tropo que existe porque es poderoso”, escribió Eva Wiseman en el Observer, pero eso “perpetúa una idea de que la violación puede ser complicada”; otros la han acusado de traficar con “caricaturas misóginas”, y de tener “una profunda animosidad hacia las mujeres”. En general, es cierto que en todas las novelas de Flynn se puede decir con seguridad que las mujeres superan a los hombres en su capacidad de depravación moral. Flynn se identifica a sí misma como una feminista, pero ¿le preocupa perjudicar esa causa en la búsqueda de choques narrativos?

“Para mí, eso da un rango muy, muy pequeño a lo que es feminismo”, responde. “¿Es realmente sólo el poder de la mujer, y el vamos chica, tú puedes, empodérate, y sé lo mejor que puedes ser? Para mí, es también la capacidad de contar con mujeres que son personajes malos… lo único que realmente me frustra es esta idea de que las mujeres son innatamente buenas, innatamente protectoras. En la literatura, pueden ser descaradamente malas –golfas, mujeres fatales y maliciosas– pero todavía hay un gran rechazo a la idea de que las mujeres pueden ser pragmáticamente malvadas, malas y egoístas… Yo no escribo sobre zorras psicóticas (psycho bitches). La zorra psicótica está simplemente loca, no tiene ningún motivo, y por lo tanto es una persona despreciada por su mala leche.

En su página web, reconoce que el suyo no es “un retrato particularmente halagador de las mujeres, pero para mí está bien. ¿No es hora de reconocer el lado feo?” Estoy cansada de las heroínas con agallas, valiente víctimas de violaciones, las fashionistas que buscan su alma que llenan tantos libros. Lamento particularmente la falta de villanas.” Probable debería agregar que sus tramas espeluznantes no pretenden ser realismo social: para interpretar a sus malvados personajes femeninos como, de alguna manera, representativos de su género en la vida real, debes pasar deliberadamente por alto cientos de páginas con otras personas y eventos que seguramente tampoco encontrarás en la vida real.

Originalmente, Flynn planeó pasar su carrera confrontando el mal no ficticio: se formó en periodismo en la Universidad Northwestern de Chicago con la intención de convertirse en periodista criminal. Pero durante sus estudios, al hacer las tareas de reportaje, recuerda que: “Pronto descubrí que eso no iba a funcionar para mí. Simplemente no tengo las habilidades necesarias para llegar y hacer las preguntas correctas y hacerlo con tacto. Los mejores reporteros de crímenes no les importa entrar en el asunto –pero también saben cómo hacerlo como seres humanos decentes “.

La protagonista de Sharp Objects es una joven periodista llamada Camille Preaker, enviada a su ciudad natal para investigar una serie de asesinatos de niños; sus agonizantes y desesperanzados intentos de acercarse a los familiares desolados muestran “exactamente el tipo de reportero que habría sido”, dice Flynn. “Y hubiera andando por ahí temiendo todos los aspectos de mi vida, que en realidad no parecía una buena manera de vivir. Así que pensé rápidamente: “¿Sabes en lo que soy buena, televisión y películas?”

“Su inmersión en la cultura de la celebridad no fue una pérdida de tiempo. Le ha servido para crear el tono de comedia negra en Gone Girl: en los días posteriores a la desaparición de Amy, a medida que el circo mediático crece, Nick está paralizado por una inseguridad debida a su conciencia de que el marido es siempre el sospechoso No 1. “Todos hemos visto estas conferencias de prensa –cuando otra mujer desaparece”, él reflexiona. “Estábamos siendo forzados a realizar la escena … Me había preocupado por mi voz vacilante, así que me corregí exageradamente y las palabras salieron cortadas, como si estuviera leyendo un informe de existencias”. Cuando todos los involucrados, y todo el mundo que está viendo, conoce los ritmos de los medios de comunicación, ¿cómo podría cualquiera en el foco de las cámaras comportarse “naturalmente”? Como dice Flynn: “La suposición es que su luto no es correcto, por lo que debe ser un sociópata –cuando en realidad, en esa situación intensa, tendrías que ser casi un sociópata para dar a los medios de comunicación la actuación que quieren.”

Es sorprendente –dada la manera en que los desenlaces de las novelas de Flynn te hacen sentir, como si la verdad se hubiera estado ocultando a la vista de todos todo el tiempo –que ella no los trame de antemano, en lugar de buscar numerosos callejones sin salida y “escribir el equivalente de dos libros por cada uno que publica”. Se describe a sí misma como con una obsesión sobre la responsabilidad del escritor de suspenso de jugar limpio: “Uno las cosas que me parecen más fastidiosas es cuando el escritor no da suficiente información para que resuelvas las trama. Deberías ser capaz de volver al principio de Gone Girl, Después de haberla leído y  ya que sabes la historia, y decir: “Ya, ya, ya … sí, ella nos dio esa información”. Aunque Flynn cita a Agatha Christie como la novelista que más admira, “incluso ella a veces permite que una trama sea resuelta sólo porque Poirot tiene ‘un resplandor en su ojo’, o lo que sea, y te das cuenta de que él sabía algo que tú no sabías.”

Flynn escribe en una pequeña habitación semi-subterránea, pegada a la casa victoriana que comparte con Nolan; sólo es accesible a través de “un sótano inacabado, genuinamente escalofriante”, las ventanas miran directamente a una pared de ladrillo. No es difícil entender cómo tal entorno puede engendrar el estado de ánimo que impregna sus libros. “Para mí, el suspenso es siempre más difícil y mejor que buscar el susto rápido y directo”, dice. “Lo que da miedo es el estado psicológico: no el asesino en serie merodeando afuera, pero esa sensación de no estar muy cómodo en tu propia piel –de estar en tu propia casa pero no sentirte seguro, y no ser completamente capaz de entender por qué te sientes así.”

A primera hora de la tarde, sale de la penumbra a la luz del día, para jugar con su hijo durante una  o dos horas. “Entonces vuelvo a bajar al sótano para escribir sobre asesinatos,” dice, quizás un con demasiado entusiasmo.

Traducción: Adriana Raggi

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