Plagiar es robar

Alberto N. García, Jordi Rodríguez Virgili, Ana Azurmendi y Mª Pilar Martínez-Costa analizan el problema del plagio en el ámbito académico y explican cómo evitarlo

Gorka Fiuza, 11 Abril 2013

Foto: Marta Lasa

Fuente: fcompass

Plagiar es robar. El plagio es un robo intelectual que es considerado como delito. Y el problema es internacional. Hace dos meses, en Alemania, el plagio se llevó por delante a la ministra de Educación, quien dimitió tras perder su título de doctora por haber plagiado en su tesis. En Estados Unidos, el plagio cometido por un alumno puede suponer su expulsión inmediata de la universidad.

¿Y en España? Existe la sensación de que hay cierta permisividad con este asunto. Cuatro profesores de fcom ponen las cartas encima de la mesa para abordar el tema y reflexionar sobre este problema, muy presente en el ámbito académico.

La cita, imprescindible en un ensayo

Plagiar, según la RAE, significa “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Para reflejar ideas en la elaboración de trabajos es necesario citar el autor y así evitar el plagio. En este sentido, Alberto Nahum García, profesor de Comunicación Audiovisual, advierte de la importancia de citar. “Hay fórmulas muy simples para atribuir: nota al pie, comillas, y el confróntese (parafrasear)”, indica.

El profesor de Instituciones Jurídico-Políticas Contemporáneas Jordi Rodríguez Virgili habla de la riqueza que pueden aportar las citas en los trabajos:  “Citar es positivo. Usar mucha bibliografía y citar a mucha gente es síntoma de que has trabajado”. Ana Azurmendi, profesora del Derecho de la Comunicación, también apuesta por la cita textual como elemento importante de un trabajo. “Hay una manera de utilizar la obra de otro beneficiándote sin que sea plagio, y es la cita. La cita en un trabajo de investigación es imprescindible”, indica. Sobre esta idea de la cita correcta frente al plagio ha escrito Juan José García Noblejas, exprofesor de Epistemología de la Comunicación en fcom.

Niveles de plagio

Uno de los temas más discutidos es los límites del plagio y si habría que distinguir el plagio en varios niveles según las causas de cada caso en particular. María del Pilar Martínez-Costa, vicedecana de fcom, respalda esa idea, ya que “hay otras circunstancias que hay tener en cuenta y valorar: a veces el plagio se produce por ignorancia y la sanción es distinta”. Por ejemplo, aboga por aplicar esa idea cuando el alumno haya entrado recientemente a la universidad, ya que “en cursos inferiores sobre todo lo que se tiene que hacer es una tarea pedagógica”.

Sobre esa flexibilidad a la hora de evaluar un caso de plagio, Jordi Rodríguez Virgili también es partidario de medir cada caso. “No es lo mismo un trabajo de primero de carrera que una tesis doctoral”, subraya. Según él, “depende del trabajo, del curso, y del nivel de plagio”. Alberto Nahum está muy concienciado con este asunto. De hecho, en su asignatura, se han registrado durante los dos últimos años un 22% de plagios en los ensayos que presentan sus alumnos. Es evidente que se muestra más duro a la hora de evaluar esas acciones: “Los buenos sentimientos no los puedo juzgar. Puedo juzgar los hechos. Intento no juzgar moralmente los plagios. Me da igual si es un problema técnico, moral o por falta de tiempo”. Asimismo apunta que “da igual que solo sea una frase” la que esté copiada: “Se rompe la confianza y dejo de corregir”. Ana Azurmendi no considera como plagio “frases sueltas” y para que un trabajo sea correcto exige a sus alumnos que “las referencias bibliográficas estén fácilmente localizables” y el nivel del plagio lo establece “dependiendo de las páginas que estén literalmente copiadas”.

Las consecuencias

En general, los cuatro profesores coinciden al señalar que existe cierta permisividad en el sistema universitario español. En caso de plagio, ¿es suficiente con suspender la asignatura al alumno por plagiar? La vicedecana cree que según el curso “la sanción es distinta” porque, por ejemplo, en el primer curso de la carrera “hay que dar un tiempo de adaptación al alumno”, aunque es partidaria de suspender la asignatura pero explicándole al alumno la gravedad del asunto. “No me interesa penalizar a los alumnos, me interesa desarrollar todo lo demás”, afirma. Sin embargo reconoce que en las normas universitarias españolas hay permisividad o flexibilidad con el plagio.  En otras universidades, en especial las norteamericanas, el plagio podría conllevar la expulsión del estudiante.

“En Harvard en caso de plagio se lleva a un comité y se abre un procedimiento disciplinario que puede acarrear la expulsión del alumno. Es una falta grave”, comenta Alberto Nahum. A él esta medida le parece adecuada porque “esto es más grave que un mero suspenso, tiene mayores implicaciones”. Por ello piensa que lo razonable sería aumentar las penas. “La gente busca atajos, y el atajo es malo y puede llevar al abismo”. Para recalcar la gravedad de plagiar, el profesor de Comunicación Audiovisual habla del triángulo que forman “actos, consecuencias y responsabilidad” y explica su argumentación de endurecer las sanciones: “Si precisamente somos duros con cosas que son deshonestas evitaremos la sensación de que no pasa nada”.

Esa gravedad del plagio queda patente cuando Ana Azurmendi asegura: “Si pillo a un alumno que plagia un trabajo tal cual, conmigo no levantaría cabeza”. La profesora de Derecho de la Comunicación sabe de lo que habla ya que un tema de su asignatura trata sobre la propiedad intelectual que habla del plagio, que es considerado como un delito. “Consiste en apropiarse de una obra sin consentimiento del autor original y hacer uso de ella mediante copia, distribución, versionado o comunicación pública como si fuera propia”, explica.

Jordi Rodríguez Virgili reconoce que los profesores tendrían que ser “más duros con los alumnos” y pone ejemplos a la gravedad del tema a través de los escándalos de plagio ocurridos en Alemania. La ministra de Educación, Annette Schavan, se vio obligada el pasado febrero a dimitir tras comprobarse que había plagiado el 29% de su tesis doctoral. Hace dos años también se conoció que el ministro de Defensa había plagiado el 94% del contenido de su tesis y fue desposeído de su doctorado en Derecho. “En Alemania hay una asociación que se puso a buscar los trabajos de los cargos públicos y sacaron eso a la luz”, señala. Da la sensación de que en otros países existe mayor conciencia en este terreno y “en universidades americanas supone la expulsión de la universidad”. Rodríguez Virgili apunta que la cultura que envuelve a esos países es distinta, tanto que “en Estados Unidos, en los exámenes, se vigilan unos alumnos a otros. El profesor ni vigila, aquí nos reímos de eso”.

¿Por qué se cae en el plagio?

Hay dos tipos de plagio: el intencionado y el que se produce por ignorancia al no atribuir bien una información. Este último es el que más se produce sobre todo al comienzo de la universidad por desconocimiento del alumno. “En los dos casos, la responsabilidad es del alumno porque hay fórmulas para saber qué es plagio y qué no es plagio”, señala Alberto Nahum García. Sobre las causas que conducen al plagio, Ana Azurmendi cree que “suelen ser por mala organización del estudiante y porque no hay interés en la asignatura”. Y apunta una de las claves que origina que se recurra al plagio por falta de tiempo: “El mal crónico del estudiante es que llega tarde a todos los plazos. Por definición, llega tarde a todos los plazos”.

Alberto Nahum García señala dos razones por las que existe el plagio. La primera, “la sensación de que los profesores parece que no se leen los trabajos”, algo que si ocurriera, Ana Azurmendi tiene claro lo que haría: “Yo si supiera que mi profesor no se lee los trabajos, plagiaría todo. Porque si no le interesa lo que he hecho, ¿para qué me voy a esforzar?”. El segundo motivo que destaca el profesor de Comunicación Audiovisual se relaciona con un problema cultural “pensando que el atajo funciona”.

Razones culturales aparte, Jordi Rodríguez Virgili asegura que la práctica de plagiar “se ha facilitado mucho con las nuevas tecnologías”. Además de esto, María Pilar Martínez-Costa va más allá y cree que una de las claves es la dinámica que se lleva a cabo antes de llegar a la universidad. “El fallo viene desde abajo. No hay más que ver algunos libros de primaria y secundaria”, afirma.

Reparto de culpas

El problema que supone el plagio es de fondo y tanto alumnos como profesores se llevan su parte de responsabilidad. Jordi Rodríguez Virgili asegura: “A lo mejor también tenemos parte de culpa los profesores”, algo que también cree Alberto Nahum García: “Sí que puedo darle parte de razón al alumno en el sentido de que no insistimos demasiado en la gravedad del plagio”.

Ana Azurmendi cree que “el 50% de culpa la tiene el estudiante y la otra mitad el profesor”. Por su parte, María Pilar Martínez-Costa indica que “es un asunto delicado y que nos preocupa”. “En una Facultad de Comunicación nos tenemos que tomar este tema muy en serio”, concluye. Los profesores por un lado no transmiten lo que realmente supone plagiar y los estudiantes parece ser que no ponen de su parte para no caer en el copia y pega. Todavía queda camino por recorrer.

 

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